miércoles, 31 de octubre de 2012

Los amigos que no fallan

En febrero de 2004, una noche, sentados en las escaleras de Plaza España, un perrillo muy gracioso se arrimó a nosotros. Estaba muy delgadito y no llevaba collar. Se sentó entre nosotros y ladraba a todo el mundo que pasaba cerca, eso nos hizo mucha gracia. Yo que valgo para poco en estos casos, no quería marcharme hasta que no apareciera el dueño, y así fueron pasando las horas. Cuando dieron las doce de la noche y allí no quedó alma humana, pudimos comprobar que el pobre chucho estaba solo en la vida. Yo no podía llevármelo, os imagináis a aquellas dos descorazonadas que no querían que cenásemos en casa, acogiendo un perrillo?.

Pero el ya nos había elegido a nosotros, siempre lo he pensado, y cuando nos marchábamos, el pobre perro nos seguía a corta distancia. Entonces mi querido, decidió que se lo llevaba a casa, diciéndole a su madre que sería temporal mientras yo me cambiaba de piso.
Confirmamos que no tenía chip, así que mi muñequin (así le llamaba yo siempre) pasó a integrar parte de nuestra pequeña familia.

Cuando estaba con el, cualquier tipo de pena se quedaba arrinconada. A pesar de que no era un perro muy sociable, su carita me llenaba de felicidad. Consiguió incluso, sacar algo de humanidad de la familia de mi entonces novio. Todo el mundo le quería un montón.
Los años pasaron y el muñequín siguió con nosotros en todos los momentos de nuestras vidas. El perro de mis padres y el, se toleraban...a pesar de que ninguno de los dos era muy amistoso con el resto de sus congéneres, ambos nos sorprendieron gratamente.
La salud de el uno y el otro no era muy buena. El de mis padres tenía ya quince años, y mi muñeco, pues no lo sabíamos con exactitud, pero pocos menos. Y llegó lo inevitable.

Yo estaba embarazada de dos meses, y mi ilusión era que mi retoño se criara entre mis perrillos. El día de mi primera ecografía, el de mis padres se puso muy malito, tanto que no podía andar sin ahogarse. No puedo evitar pensar, que el primer día que yo vi aquella pequeña alubita dentro de mi, el nos dejó. Fué un trago amargo, y todos temían por mi estado. Lo único que consiguió ayudarme en aquellos momentos, fue aferrarme a mi muñeco.
Al día siguiente, cuando el perro entró en casa de mis padres, notamos su tristeza. Se tumbaba al lado de la camita del otro, como si esperara que en cualquier momento volviera, pero no volvió y mi muñeco cada vez estaba más triste, supongo que eso agravó sus problemas de salud.

Gastamos montones de dinero en terapias que fueron infructuosas, el muñeco se me apagaba y yo no podía hacer nada. Atiborrado de pastillas, el pobre ya no podía ni mantenerse en pie sin caer de bruces.
Tres meses despues de morir el otro, fuimos a buscarle al veterinario después de un día entero de terapia. Y entonces, aquello que yo no quería escuchar....sucedió. Nos sugirieron que cortáramos su agonía. Yo lo miré, y el me miraba con sus brillantes ojos apesadumbrados, no lo podía creer. No quería que me arrebataran a mi pequeño. Me senté en el suelo en una esquina de la consulta, con aquel barrigón de cinco meses, y solo podía gritarles que me lo dejaran un día mas para despedirme. Pero no lo hicieron.

Aquellos ojines negros no me volvieron a mirar, y yo no quise ver como su vida se apagaba.
De tener dos perros que eran la alegría de nuestras casas, en cuestión de tres meses todo fue vacío.

La gente me consolaba diciendo que pensara en el bebé que llevaba dentro, que el me quitaría todas las penas. Pero esa gente no entiende, que una pena así no la quita una alegría por muy grande que sea. Que son cosas diferentes, y perfectamente compatibles.

Hace 21 meses que lo perdí para siempre, y la llama del dolor que anidó en mi corazón, no consigue apagarse.


8 comentarios:

  1. Beiconic, me apena mucho lo de tus perros, sabés como los quiero yo , pero como bien me dijeron en su momento a mi, tenés que tener otro perro por vos y por tu niña, a las dos les vendrá muy bien. Besossss

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  2. Al principio me era imposible...sentía como que era sustituírle por otro, ahora me resulta imposible por el trabajo que me da la enana. No podría con los dos!!!!!!!!
    Sabía que tu me entenderías como nadie porque esto solo lo puede entender alguien que los ame tanto como tu...
    Besitos

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  3. Te entiendo perfectamente. Yo ahora he adoptado un enano de menos de 2 meses que me ha enamorado, pero es diferente, el amor que yo sentía por Minok siempre estará intacto. Nada podrá reemplazarlo. Lo único que me consuela un poco es recordar lo felices que fuimos juntos y la calidad de vida que tuvo. Un abrazo!!!

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    1. Mi marido también quería adoptar otro al poco tiempo, pero yo estaba embarazada y trabajaba...y no era plan después cargarle a mi madre a la nenúfar y al nuevo perro. Y hoy por hoy, bastante tengo con preocuparme de ella, y con el trabajo que me da!!! de momento....no hay reemplazo para el muñequin.
      Tu ahora disfruta del ñajo, pronto sentirás por el tanto como por Minok, aunque..nunca igual eso seguro.
      Muchos besos

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  4. La gente hasta que no tiene animales... No tiene ni idea de lo que se les adora. El día 17 hace un año que murió mi gata Nana... Lo pasé muy mal y hoy todavia la recuerdo un montón...

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    1. El mío en enero irá a hacer tres años que se fué...y hoy en día hablo de el y no puedo evitar que se me caigan las lágrimas. Es durísimo perder un animal...

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  5. Uffff!!! No puedo imaginar lo duro que es perder a un perrín, así que a dos...Aquí me tienes como una magdalena.
    Solo puedo pensar en todo lo que les quisisteis.
    Muchos, muchos abrazos

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    1. Anda queeeee!!! que me he puesto a releerlo y ahora la magdalena soy yo!!! dejan un vacío enorme en casa, y en el corazón ni te cuento...los quisimos mucho, muchísimo!!
      Muchas gracias corazón ;)

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