miércoles, 6 de febrero de 2013

No me gusta

Decir tantos tacos. Entono el mea culpa. Soy una deslenguada sin remedio, que intenta día a día no decir ni una palabra malsonante por el bien del vocabulario de la enana que tengo por aquí corriendo y que repite cada joré (traducción literal del idioma bebelescente) cada conio y cada mecameraputa.
Verdaderamente cuando la oigo a ella decirlo me avergüenzo sobremanera, y por más que intento mantener mi lengua amarrada, no lo consigo.
Con lo fácil que me resultó dejar de fumar y lo difícil que me resultan ciertos hábitos que quiero dejar!!!!!!
Soy consciente de que en una mujer queda soez y camionerístico, y no es una cuestión machista, es que una señora refinada no dice según que cosas.
Qué es lo que me ha llevado a tener tan elaborado vocabulario? En realidad no lo sé....el entorno masculino? y entonces por qué mi hermano no dice tantos tacos como yo?
Si alguien tiene un método para amarrar la lengua, que me lo haga saber o lo próximo será graparme la lengua.
Apostamos cuando diré el siguiente?????

viernes, 1 de febrero de 2013

Una historia con dos caras

Iba a disponerme a escribiros una entrada más de mis recuerdos, que a algunos tienen en vilo. Pero haciendo un repaso a los blogs que suelo visitar, me he encontrado con una triste historia que me tiene rota de dolor, que no me deja pensar en otra cosa y por la que no puedo parar de llorar (y eso que la he leído hace rato ya).
Supongo que el ser madre más o menos reciente, me hace más vulnerable a este tipo de cosas. De echo, sé que soy más vulnerable que de costumbre, aún siendo ya de por sí llorona por naturaleza.
Me he dado cuenta de que, desde que tengo a mi muñequina, cualquier historia en la que anden entremezclados los sentimientos y un bebé...dejo de ser persona para ser....mocos y lágrimas.
Este enlace que os voy a dejar abajo, es una historia dura, muy dura de una pequeña bebé en un hospital, unos padres desalmados que no tienen reparos en dejar a un ángel a merced de una vida que ni siquiera a comenzado para ella, y dos personas con los bemoles suficientes para encarar aquello que no es problema suyo y cargárselo en sus mochilas. Dos personas desinteresadas con muchas ganas de dar amor y un final que desafortunadamente...no es feliz.
Si teneis un ratito, y queréis leerlo, solo os advierto de que es una historia de esas en las que hace falta tener al lado un paquete de pañuelos abierto.


Historia de Carlota